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ROSARIO TIJERAS
De: Jorge Franco Ramos
POR: JENNIFER MONTOYA DÍAZ



En este pequeño libro,  donde se desata una historia que realmente  muestra todo lo que hoy en día sé esta viviendo no solamente en nuestro país sino en el mundo entero, se vive una aventura escrita desde la realidad. Rosario Tijeras, es una gran muestra de la violencia del narcoterrorísmo en la actualidad. Su desenlace parte principalmente en la ciudad de medellín, desde un hospital, donde a diario miles de personas se debatan entre la vida y la muerte, y es desde aquí donde parte la gran historia de Rosario Tijeras.

Dos jóvenes de la alta sociedad y una hermosa pandillera llamada Rosario Tijeras, son quienes hacen real esta aventura que se desenlaza desde una historia de amor, pero partiendo desde una gran realidad, la violencia.

 

Su nombre era Rosario, pero nunca su apellido se supo; solamente se sabía que le llamaban Rosario Tijeras, y no porque ese fuera su apellido, sino porque este llevaba gran parte de su vida. Rosario fue violada muy pequeña, y cuando ella creció se encontró de nuevo con aquellos hombres que le habían hecho ese gran daño, y se aprovecho de que no la reconocieron para cobrar venganza ante dicha injusticia. Uno de los hombres le estaba coqueteando y ella muy atrevida decidió invitarlo a su casa, claro que él sin ser muy pretencioso, aceptó. Ella lo llevó hasta su cuarto y lo sedujo, hasta el punto que el ya estaba totalmente desnudo, y Rosario muy acaramelada cogió unas tijeras, las de su mamá que era modista, y le corto los testículos. Es desde aquí donde surge  una verdadera protagonista de grandes historias sangrientas y de donde nace el famoso “Tijeras”, Rosario Tijeras.

 

Grandes muertos caían después de un beso y un balazo en seco, a quemar ropa como usualmente Rosario solía llamarlo, disparando a ras del cuerpo, aferrados a ella, como si quisieran llevársela en su beso mortal. Rosario solía llevar en su cartera, la que nunca soltaba, un arma, ya que según ella de nadie se la dejaba montar. Creció en un barrio muy popular de Medellín, y desde allí en aquellas calles oscuras, aprendió a ganarse la vida o mejor dicho a protegerla, desde grandes matanzas y balas  de acá para allá.

 

Emilio y Antonio, son los dos jóvenes que hacen parte de esta gran historia, la única diferencia es que ellos no eran de la misma clase social que Rosario y no acostumbraban cargar armas, ni matar gente; ellos eran de la alta sociedad. Emilio era el novio de Rosario, pero Antonio fue quién siempre estuvo con ella hasta el último momento en que rosario murió. Él siempre estuvo enamorado de ella, pero nunca nadie lo supo.

 

Bares, discotecas, edificios, calles, fincas, entre otros, son los lugares donde se desata esta historia y muchas más que a diario se viven en la ciudad de Medellín y en miles de ciudades más. En este caso Medellín  con sus grandes montañas y su grandioso clima, fue el mejor escenario para todo lo vivido en este relato que nos cuenta Jorge Franco Ramos. Aunque Bogotá y Miami también hicieron parte de la vida de rosario y sus amigos, no fueron el centro de lo que en realidad se vive entre drogas, armas y al final un muerto más por contar.

 

Entre tantos párrafos y miles de letras, se encuentra un verdadero lenguaje que se escucha a diario en las calles de nuestra ciudad, basándose en este caso en la historia de la hermosa Rosario, que no era tan bella cuando un asesinato acababa de efectuar, ya que siempre que esto sucedía se disponía a comer y comer hasta engordar, y esto se hizo tan común en ella, que cuando esto sucedía, ya se sabía lo que Rosario acababa de hacer, o más bien que a alguien acababa de asesinar.

 

Siempre se a dicho que uno debe tratar a las personas como se quiere ser tratado, y en este caso quien da violencia recibe violencia, y esto fue lo que le sucedió a Rosario Tijeras, por estar matando, al final no fue ella quien disparó el arma sino alguien hacia a ella, y al amanecer, en un hospital,  Rosario murió después de muchas balas que penetraron su cuerpo, y en el pasillo  angustiado su amigo Antonio, recordaba los grandes momentos que vivió algún día al lado de esta mujer, que ya no pertenecía más a este mundo, y  que bien o no, se desprendió de esta gran olla, dónde aún quedan muchas personas que viven entre ruidosas balanceras, grandes masacres y  misteriosos lenguajes que no faltarán.  Página anterior